Estilos de crianza: una aproximación a la revisión sistemática

Parenting styles: an approach to a systematic review

Estilos parentais: uma abordagem para uma revisão sistemática

 

Stephanie María Riveros Murillo

u22225057@utp.edu.pe

https://orcid.org/0009-0008-9678-9996

Universidad Tecnológica del Perú,
Lima - Perú

Zulema Milene Vidalon Santa Cruz

u22223037@utp.edu.pe

https://orcid.org/0009-0001-4114-2449

Universidad Tecnológica del Perú,
Lima - Perú

 

Recibido: 10 de octubre de 2025

Aceptado: 30 de diciembre de 2025

 

RESUMEN

El presente artículo tiene como objetivo analizar el estado de la revisión sistemática de los estilos de crianza. En la metodología se realizó una revisión narrativa sobre los estilos de crianza mediante un enfoque cualitativo, integrando búsqueda sistemática y síntesis interpretativa. El procedimiento incluyó la selección de artículos publicados, en su mayoría entre 2024 y 2025, en bases de datos como Scopus, SciELO, Dialnet y Google Académico, conformando un total de 47 estudios que permitieron un análisis amplio y comprensivo de la variable. En los resultados se evidencia que la literatura revisada constata un patrón recurrente donde la calidez parental y la orientación conductual propicias conducen a que los hijos desarrollen sus propios factores protectores durante toda su vida; mientras que las prácticas parentales negligentes o con ausencia de reglas los encaminen a tener problemas en su salud mental. Además, se pudo concluir que el estilo de crianza democrático se posiciona como el más adecuado en lograr un equilibrio entre afecto y límites, lo que fomenta un indicado desarrollo integral de los hijos a lo largo de su ciclo vital.

Palabras claves: revisión sistemática, estilos de crianza parental, estilos parentales

 

 

ABSTRACT

This article aims to analyze the current state of systematic reviews on parenting styles. The methodology involved a narrative review of parenting styles using a qualitative approach, integrating systematic research and interpretive synthesis. The procedure included selecting published articles, mostly from 2024 to 2025, from databases such as Scopus, SciELO, Dialnet, and Google Scholar, resulting in a total of 47 studies that allowed for a broad and comprehensive analysis of the variable. The results show that the reviewed literature reveals a recurring pattern: parental warmth and supportive behavioral guidance lead children to develop their own protective factors throughout their lives, while neglectful parenting practices or a lack of rules lead them to experience mental health problems. Furthermore, it was concluded that the democratic parenting style is the most effective in achieving a balance between affection and boundaries, thus fostering healthy holistic development in children throughout their lifespan.

Keywords: systematic review, parenting styles

 

RESUMO

Este artigo tem como objetivo analisar o estado atual das revisões sistemáticas sobre estilos parentais. A metodologia envolveu uma revisão narrativa de estilos parentais utilizando uma abordagem qualitativa, integrando pesquisa sistemática e síntese interpretativa. O procedimento incluiu a seleção de artigos publicados, principalmente entre 2024 e 2025, em bases de dados como Scopus, SciELO, Dialnet e Google Scholar, resultando em um total de 47 estudos que permitiram uma análise ampla e abrangente da variável. Os resultados mostram que a literatura revisada revela um padrão recorrente, no qual o afeto parental e a orientação comportamental de apoio levam as crianças a desenvolverem seus próprios fatores de proteção ao longo da vida; enquanto práticas parentais negligentes ou a ausência de regras levam a problemas de saúde mental. Além disso, concluiu-se que o estilo parental democrático é o mais eficaz para alcançar um equilíbrio entre afeto e limites, promovendo, assim, um desenvolvimento holístico saudável nas crianças ao longo de seu ciclo de vida.

Palavras-chave: revisão sistemática, estilos parentais, estilos parentais

 

 

 

1. INTRODUCCIÓN

En el presente artículo se analizaron estudios sobre la variable estilos de crianza (EC). La cual es abordada en dos contextos: internacional y nacional. En España, Jacome-Mora et al. (2025) hallaron que cuando el EC carece de calidez pueden generar indicadores de baja autoestima, escasa empatía y una torpeza para nombrar y expresar emociones. Además, erosiona el ajuste psicosocial y pueden presentar dificultades en sus vínculos afectivos.

En México, Vázquez-Valencia & Campos-Uscanga (2024) evidencian que cuando los jóvenes perciben un EC con poco interés o apoyo, lo relacionan con menor inteligencia emocional, mayor inestabilidad emocional y dificultades en áreas como la adaptabilidad, el manejo del estado de ánimo y las habilidades interpersonales. Asimismo, se encontró que las mujeres son más sensibles a la calidad del EC al percibir estas prácticas poco asertivas. 

En Chile, Fuentes-Vilugrón et al. (2022) exponen que las principales problemáticas son la falta de límites claros y un exceso de control. Debido a que EC diferentes al democrático se asocian con dificultades emocionales y de adaptación. El estilo permisivo siendo vinculado con una baja autoestima, limitado control de impulsos y mayor riesgo a conductas de riesgo. Por otro lado, el estilo autoritario es relacionado a una baja confianza y problemas en la regulación emocional e inadaptación social.

En Pucallpa, Rivas-Huaman (2024) identifican la problemática de una crianza sin límites y procreación irresponsable. Además, exponen errores frecuentes como la sobreprotección, falta de confianza mutua y la escasa participación de los padres en las metas, objetivos o decisiones de los adolescentes. Asimismo, los estudiantes perciben que los EC más comunes en su entorno son el estilo autoritario y permisivo.

En Arequipa, Vilches et al. (2025) exploraron la transmisión de la violencia doméstica en familias peruanas. Los hallazgos indicaron que normas de género tradicionales como el machismo, aprendizaje social de conductas violentas, irritabilidad y alcoholismo parental eran factores clave para mantener el ciclo intergeneracional, mientras que redes de apoyo y educación se identificaron como factores protectores.

En Lima Este, Rojas-Mamani et al. (2024) revelaron una relación altamente significativa entre los EC y el consumo de drogas. Se encontró que el 60.4% de los estudiantes que consumen sustancias psicoactivas de manera prolongada tiene padres con un EC autoritario y el 17% con EC permisivo. El estilo autoritario, rígido y controlador, es confirmado como un factor de riesgo relevante ante esta conducta problemática.

Los estudios analizados del contexto evidencian que los EC inadecuados se asocian con consecuencias negativas como baja autoestima, dificultades en la regulación emocional y conductas de riesgo. Ante la diversidad de hallazgos y su consideración en diferentes poblaciones, resulta relevante sistematizar el conocimiento existente. Por lo tanto, el presente artículo necesita tener una brújula para poder hablar de los EC y por ello se plantea como objetivo principal analizar el estado de la revisión sistemática de los estilos de crianza, con el fin de identificar patrones y tendencias.

2. MARCO TEÓRICO

El marco teórico abarca dos partes: los antecedentes y las bases teóricas de la variable de estudio. En el ámbito internacional, en México, Delgado-Santamaría & Campodónico (2024) propusieron el objetivo de realizar una revisión sistemática sobre la incidencia de los EC en los comportamientos problemáticos de los niños. El método usado fue PRISMA y la muestra de 21 artículos. Los hallazgos revelan que los EC autoritario y permisivo se vinculan reiteradamente en su aparición y mantenimiento. Se concluye que los EC inadecuados influyen en gran medida en las conductas infantiles y su desarrollo socioemocional.

En Argentina, Simaes et al. (2024) presentaron el objetivo analizar de manera sistemática la contribución de las conductas parentales y del nivel socioeconómico en la regulación emocional de niños de 0 a 36 meses. La metodología fue PRISMA y su muestra fue de 42 artículos. Los resultados mostraron que la sensibilidad, gentileza, conocimiento emocional y tiempo compartido por parte de los cuidadores se asociaron con una mayor regulación emocional infantil y menor reactividad. Los autores concluyen que promover prácticas de crianza sensibles en cuidadores primarios es fundamental, dado su impacto positivo en la regulación emocional temprana de los infantes.

En España, Martín et al. (2022) expusieron el objetivo de realizar una revisión sistemática sobre los estilos educativos parentales y los trastornos en la infancia y adolescencia. La muestra fue de 16 estudios. Los resultados de estos trabajos mostraron una tendencia en la que los EC caracterizados por el afecto y la implicación parental, promueven un mejor ajuste psicosocial y correlacionan en menor medida con la aparición de problemas o trastornos de índole internalizante y externalizante.

En China, Shen et al. (2025) estudiaron el objetivo de analizar la relación entre los EC, la autoestima y las conductas suicidas en adolescentes. Se desarrollo una búsqueda sistemática que integró 51 estudios y un metaanálisis MASEA. Los datos demostraron que la crianza negativa se relacionó a mayores autolesiones, ideación e intento suicida. Además, la autoestima es inversa a esas conductas, pero mediador entre los EC. En conclusión, resaltan el fortalecimiento de prácticas de crianza positiva e implementar intervenciones a favor de una mayor autoestima con el fin de reducir el riesgo de conductas suicidas en jóvenes.

En Colombia, Bautista-Castro (2024) presenta el objetivo de sistematizar las características de los EC. Para ello, emplearon una revisión sistemática según PRISMA, analizando 62 artículos. Los resultados identificaron 66 características agrupadas en 18 categorías que dieron lugar a 14 ejes, configurando un sistema útil para caracterizar el posicionamiento parental. Como conclusión, el estudio afirma que este espacio categorial constituye una herramienta pertinente y relevante para futuras investigaciones.

En Portugal, Dos Reis et al. (2025) proponen el objetivo de examinar cómo los diferentes EC se asocian con el desarrollo de rasgos narcisistas. La revisión sigue las directrices PRISMA y se analizó 38 artículos. Los resultados indican una asociación significativa, aunque débil, entre los EC y los rasgos narcisistas, con variaciones notables entre las influencias maternas y paternas. Este análisis proporciona una perspectiva integral sobre la interacción de las variables, lo que subraya la complejidad de los factores que contribuyen al narcisismo en la sociedad contemporánea.

En India, Siva et al. (2025) exploran el objetivo de examinar el impacto del tiempo excesivo frente a pantallas digitales y la adicción a las redes sociales en los EC, la relación entre padres e hijos y su conducta. Se utilizó el marco de Arksey y O'Malley y PAGER para el análisis de 25 artículos. Entre sus resultados se tiene que el tiempo excesivo frente a pantallas digitales y la adicción influyen en los estilos de crianza, lo que provoca cambios en las relaciones entre padres e hijos. En concreto, se observaron con mayor frecuencia EC autoritarias. Los EC influyen significativamente en el uso excesivo de redes. Se concluye que el fomento las relaciones entre padres e hijos puede mitigar estos impactos y fomentar un desarrollo positivo.

En China, Chu & Chen (2024) propusieron el objetivo de evaluar las asociaciones entre cuatro estilos de crianza y la perpetración/victimización del bullying. A través de un metaanálisis incluyó 107 estudios. Los resultados indicaron que la crianza positiva se correlacionó negativamente con la perpetración y victimización del bullying, mientras que la crianza negativa/severa y la crianza desinteresada se correlacionaron positivamente con la perpetración y victimización del bullying. Se concluye que adoptar una crianza adecuada, en particular conductas parentales positivas, ayuda a mitigar los problemas de acoso escolar y a lograr resultados positivos en el desarrollo de niños y adolescentes. 

En Alemania, Pinquart & Lauk (2025) exploraron el objetivo de evaluar si los estilos de crianza muestran asociaciones concurrentes y longitudinales con el uso de sustancias. Se realizó una búsqueda sistemática en 184 estudios que se incluyeron en un metaanálisis multinivel. Entre los hallazgos tenemos que un estilo de crianza autoritativo se correlacionó con un menor uso de sustancias mientras que se encontró lo contrario para la crianza negligente, permisiva y autoritaria. Se reveló solo un efecto de la crianza autoritativa en la disminución del consumo de sustancias. Entre sus conclusiones, se recomienda a los padres que se comporten de manera autoritativa, deberíamos tener expectativas modestas sobre los efectos de los estilos de crianza en el consumo de sustancias en la descendencia.

En Italia, Umar et al. (2025) llevan a cabo un estudio para realizar un análisis sobre los EC en la aparición y expresión de la hostilidad entre los adolescentes. El método fue la Lista de Verificación del JBI, PRISMA y los criterios PICO, incluyendo 12 artículos. Entre sus resultados se encuentran que el EC influye directamente en el antagonismo infantil. Si bien los estilos de crianza permisivos y autoritarios conducen a comportamientos negativos y agresividad, los enfoques de crianza autoritativos contribuyen a un desarrollo psicológico infantil favorable.

En el contexto peruano, Gutiérrez Ramírez et al. (2024) plantearon el objetivo de determinar la relación de los tipos de estilos de crianza parental e inteligencia emocional en la población infantil. El método fue cualitativo y la muestra fue de 20 artículos. Entre sus conclusiones encontramos que los EC es la manera en la que los progenitores actúan frente a la educación de sus hijos y la inteligencia es la capacidad que desarrollan las personas para reconocer y manejar sus emociones.

Rivas-Huamán et al. (2024) propusieron los objetivos de identificar los métodos frecuentes en estudios de EC, los conceptos más usados, los códigos emergentes y las ventajas de la IA en su análisis. Se realizó una revisión sistemática de 10 artículos de la Web of Science. Se evidencia un predominio en el enfoque cualitativo, los conceptos más usados “familia”, “conducta” e “hijos” y destacando códigos como la inteligencia emocional, la agresión y la adolescencia. Se concluye la necesidad de más estudios cualitativos y que el EC influye de manera sustancial en el desarrollo integral de los hijos. Además, la IA es una herramienta eficiente, pero requiere verificación humana para evitar fallos.

Bases teóricas: Estilos de crianza

Conceptos

La familia es estimada a ser el pilar fundamental, pues constituye la relación entre padres e hijos y permite el desarrollo de cada integrante manteniendo un nivel óptimo funcional entre sus miembros. Dentro de ella, se emplean diversas estrategias en cuanto al cuidado y educación de los hijos, lo que llega a definirse como: estilos de crianza (Ortiz Hidalgo y Poveda Ríos, 2024).

El estilo de crianza es un modelo de conductas que se efectúa como padres, incluyendo comportamientos, actitudes, pensamientos y emociones que los cuidadores o responsables de los niños desarrollan en la crianza (Larriva Rodríguez & Vintimilla Espinoza, 2023).

Estos son prácticas que facilitan la comprensión y el conocimiento de cómo cada estilo influye en un niño desde sus primeras etapas de vida y de cómo repercute sobre el desarrollo de su inteligencia emocional infantil, lo que va a impactar más adelante en la capacidad de cada niño en reconocer y gestionar sus propias emociones y para relacionarse positivamente con las demás personas (Gutierrez Ramírez et al., 2024).

Asimismo, las formas de la crianza en las que los padres han educado a sus hijos influyen en su personalidad, lo cual esto les permite poder desenvolverse de manera auténtica o deficiente en diversos contextos ya sean escolares o sociales (Ordoñez Luna y Chávez Soto, 2024).

Los estilos de crianza son un cúmulo de normas y valores con los que los padres educan a sus hijos, las cuales son consideradas como la base de los patrones conductuales que ejercen al interactuar con ellos generando un impacto en su desarrollo (Menéndez Chávez y Lima Rojas, 2024).

Beneficios

La práctica de la crianza positiva, característica del estilo democrático, beneficia el desarrollo integral de los hijos. Esta forma de crianza incrementa el control, la gestión emocional y el desarrollo socioemocional del niño o niña, lo que le permite obtener habilidades sociales e inteligencia emocional para confrontar los trayectos difíciles de la vida, y favorece en una adecuada autoestima y regulación emocional (Gutierrez Ramírez et al., 2024).

Los estilos de crianza que demuestran aspectos positivos como el compromiso y la autonomía brindan un mayor bienestar psicológico en los hijos de edades entre 18 y 30 años a diferencia en los niños y adolescentes. Esta diferencia se explica porque existe una importante trascendencia a largo plazo en los hijos dando lugar a que ellos estén familiarizados con los conceptos de compromiso, autonomía, escucha activa, interés, apoyo emocional o la comunicación asertiva gracias a la dedicación de los padres (de Lizaur Gavilanes y León del Barco, 2024)

La crianza influye en el desarrollo de una persona, incluso en la etapa de la adultez. Los beneficios que existen para lograr una crianza positiva es la combinación de la estrictez con la calidez parental (Jacome-Mora et al., 2025).

La crianza positiva va a generar que el niño sepa desarrollarse en un entorno de apoyo, donde cumpla las normas sociales establecidas y teniendo un comportamiento positivo; también, en el que puedan asumir la responsabilidad de sus actos y se sientan competentes y seguros en sí mismos (Lazaros Kostanasios, 2024). El practicar estilos de crianza positivos repercuten positivamente en los hijos, brindándoles niveles bajos y equilibrados de ansiedad en su modo de vida; es decir, no van a presentar sintomatología ansiosa (Bonilla Nolivos y Barba-Lara, 2024).

Es importante poder reconocer que los adolescentes son capaces de identificar y estimar qué estilos de crianza están ejerciendo sus padres hacia ellos, puesto que, desde su perspectiva, pueden ayudar a resaltar y ser conscientes a sus progenitores respecto a las actitudes que toman y contribuir a la mejora de la relación de padres e hijos (Rivas-Huamán, 2024). Las prácticas de crianza efectivas promueven un desarrollo emocional sano en los hijos, porque les enseñan a cómo manejar sus emociones de manera positiva; es decir, desarrollan una mejor regulación emocional, por lo que obtendrán resultados favorables en su bienestar emocional y en el desarrollo socioemocional de sus propios hijos (Soto-Ortiz et al., 2024).

Ortiz y Poveda (2024) encuentran un vínculo significativo entre los EC y la autoeficacia en preadolescentes. En este estudio se observó que los EC adecuados favorecen niveles más altos de autoeficacia con una significancia estadística positiva (p<0,05), mientras que un EC hostil, sobre todo en la relación con el padre, se asocia negativamente. Se concluye que es importante considerar los estilos de crianza adecuados para el óptimo desarrollo en la autoeficacia de los hijos.

 Espinoza-García y Cuesta Izquierdo (2023) presentan resultados con diferencias en las cinco dimensiones del autoconcepto según los estilos de socialización parental y grupos socioeconómicos. Las conclusiones obtenidas aportan evidencia de relación entre el autoconcepto, estilos de socialización parental y grupos socioeconómicos en el que pertenece la familia.

 Córdova Gonzales (2022) evidencian resultados significativos de los EC como factores mediadores entre la resiliencia y calidad de vida de estudiantes universitarios. Esto demuestra que los EC influyen de manera determinante en la calidad de vida al actuar sobre la relación entre resiliencia y bienestar.

Riesgos

Algunos padres afirman brindar un estilo de crianza democrático; sin embargo, ante la percepción de sus hijos, pueden estar educando bajo los estilos como el permisivo o el autoritario. Esto sucede porque los padres no toman en cuenta la opinión ni la perspectiva de sus propios hijos o también no les están prestando atención a sus comportamientos, aunque afirmen lo contrario, lo que conlleva a ejercer un estilo de crianza que no es el adecuado (Rivas-Huamán, 2024).

Los hijos criados bajo el estilo negligente tienen como consecuencias manifestaciones de escasas habilidades sociales, inmadurez emocional, bajo autocontrol de impulsos, alta desmotivación llegando a realizar sus actividades sin esfuerzo o interés y pueden demostrar agresividad (Salavera et al., 2024). Algunos estilos de crianza que los padres eligen ejercer pueden desencadenar problemas de salud mental en sus hijos como el desarrollo de la ansiedad, que va a interferir en diversos aspectos de su vida a futuro (Bonilla-Nolivos y Barba-Lara, 2024).

El estilo de crianza autoritario donde se ejerce la sobreprotección impide que los hijos puedan salir al mundo sin la supervisión de los padres, lo que conlleva a consecuencias como: baja tolerancia a la frustración, incapacidad para solucionar conflictos y no poder asumir la implicación de sus propios actos o de situaciones difíciles (Menéndez Chávez y Lima Rojas, 2024).

El ser humano crea y adopta conductas de modo natural de acuerdo con el entorno en que se desenvuelve a lo largo de las etapas de su vida o por los símbolos que él mismo interpreta y percibe. Todo ello puede incluir también aspectos negativos como conductas de violencia que se han normalizado de padres hacia hijos sin que se percaten justamente que son malos tratos y repercutirá en su desarrollo y relaciones futuras (Mendoza Martinez, 2024)  

También se puede identificar desaciertos en los estilos de crianza como la reproducción irresponsable de hijos, donde los padres al no planificar el embarazo ni tampoco saber elegir de qué manera criarlos, puede ser perjudicial al educarlos de forma descuidada, brindando una libertad sin responsabilidad y sin límites que los puede llevar a decidir de manera errónea a futuro (Rivas-Huamán, 2024).

En muchas familias, se le atribuye solo a la figura materna el rol protagónico del cuidado del hijo, generando que recaiga en ella la responsabilidad total de la crianza y de las tareas domésticas esperando que logre con excelencia todos los roles atribuidos; sin embargo, es perjudicial porque la madre puede brindar escasa disponibilidad emocional a sus hijos debido a la sobrecarga que conlleva y no poder ejercer una crianza positiva. Por ello, es fundamental que el padre también asuma compromiso en la crianza de sus hijos porque ambos son los referentes y guías en la formación de sus hijos (Zárate Depraect et al., 2025)

En la mayoría de los núcleos familiares, la madre brinda un estilo de crianza democrático, mientras que el padre ejerce un estilo autoritario o negligente. Esto implica que los hijos perciban mayor soporte emocional en solo la figura parental que les brinde mayores expresiones de afecto, apertura a la comunicación y escucha activa (Lalaleo López y Rodríguez-Pérez, 2024)

Para (Escamilla-Gutiérrez et al., 2024) existe un riesgo en cuanto a la relación de la alimentación y la ausencia de establecimiento de límites; puesto que, ante el estilo de crianza permisivo, pueden existir alarmas de la existencia de las conductas alimentarias por atracón por la falta de control, de supervisión y de reglas hacia los hijos.

Estilos de crianza poco funcionales, pueden provocar que los adolescentes manifiesten sus emociones, consideren estrategias para resolver conflictos o de afrontamiento a través de conductas agresivas, porque bajo estos métodos los padres demuestran desinterés, distanciamiento y una escasa comunicación, lo que provoca que los hijos tengan una percepción negativa en su relación familiar (Rojas Vela, 2025).

Factores que influyen en la elección del estilo parental

Los padres o cuidadores efectúan el estilo de crianza basadas en su experiencia y vivencias de vida y las transmiten cuando tienen sus hijos, estas formas instituyen en su personalidad y en diferentes áreas de su vida como el social, personal, académico y familiar (Bonilla-Nolivos y Barba-Lara, 2024)

Los estilos de crianza se destacan por compartir características familiares y las de cada uno de sus miembros; dicho en otras palabras: no se puede catalogar una existencia de estilos de crianza buenos o malos, sino refieren a los que se adaptan mejor o peor al sistema de estructura personal, social y familiar (Salavera et al., 2024). Los padres que eligen cierto estilo de crianza para educar, mayormente lo hacen desde la ausencia de conocimiento en cómo algunos estilos influencian en la personalidad y las conductas de sus hijos. Así también, es porque reinciden en patrones de crianza ejercidos sobre ellos, pero que no es determinante, puesto que las personas están en constante cambio, por lo que se pueden adquirir entendimientos sobre cada estilo para procurar la crianza de sus hijos (Delgado Santamaría y Campodónico, 2024)

Se eligen los estilos de crianza por cómo los padres fueron educados; es decir, ellos crían de acuerdo a cómo ellos mismos fueron criados y son determinados de manera inconsciente porque existe la naturaleza de continuar con patrones heredados (Mendoza Martínez, 2024). La información comprendida por los padres con respecto a los métodos de crianza ayuda en la elección de cuáles son los más idóneos para ejercerlos; asimismo, contribuye en la promoción de interacciones positivas entre padres e hijos y a instruir a los adolescentes a desarrollar técnicas que ayuden en su regulación emocional, lo que permite un equilibrio emocional entre todos los miembros de la familia (Soto-Ortiz, 2024).

Teorías

Teoría de los estilos de crianza de Braumrind

En los años 60, Diana Braumrind presento su investigación pionera en la cual identifico tres EC asociados al comportamiento parental en tres grupos de niños preescolares que mostraban patrones de conductas muy diferentes. En lugar de examinar de forma independiente, analizó simultáneamente las diferencias entre los progenitores para clasificarlos en estilos. Además, sostiene que el modo en que los progenitores combinan las exigencias y el afecto determina parte de la personalidad y conducta de sus hijos (Power, 2013).

Esmali Kooraneh & Amirsardari (2015) resaltan que la autora propuso los tres EC basados en dos agrupaciones de características resaltantes en base al análisis de conductas y relaciones familiares. Por un lado, la exigencia o demandingness que se refiere a los atributos de control, monitoreo y comportamiento maduro esperado del niño. Por otro lado, la sensibilidad o responsiveness que incluye apoyo, amor y aceptación hacia el menor.

El estilo autoritativo o democrático caracterizado a una alta exigencia y afectividad, vinculado a resultados positivos en el desarrollo infantil. El estilo autoritario siendo la convergencia entre alta exigencia y poca afectividad, relacionado a comportamientos disruptivos en menores. Por último, el estilo permisivo con una baja exigencia y una alta sensibilidad, demostrando problemas en límites y control (Kuppens & Ceulemans, 2019).

Modelo Bidimensional de Estilos Parentales de Maccoby y Martin

El modelo de Maccoby y Martin en los años 80s amplió la propuesta y tipología de Braumrind con variaciones. Como primer agregado, crearon una matriz 2×2 basada en las dimensiones ortogonales de responsividad y exigencia. Por ello, como segundo agregado, esta matriz permitió identificar el estilo indiferente o no involucrado, caracterizado por bajos niveles en ambos factores (Esmali Kooraneh & Amirsardari, 2015).

Los autores consideran categorizar el comportamiento parental según si son altos o bajos en exigencia y soporte parentales, creando así una tipología más completa de cuatro estilos de crianza. Además de ello, consta de tres estilos de crianza negativos etiquetados como autoritario, negligente y permisivo (Louis, 2022).

El estilo añadido es conocido como negligente o no involucrado el cual representa la forma más perjudicial de crianza, debido a que los padres ni proporcionan calidez emocional ni establecen reglas o expectativas para sus hijos, lo que puede resultar en los peores resultados de desarrollo infantil. Además, puede estar vinculado a la delincuencia y la falta de satisfacción en las necesidades de los menores (Llorca et al., 2017).

Teoría del Control Psicológico de Barber

En 1996, Barber propone una tercera dimensión crítica que es el control psicológico a las teorías previas sobre estilos parentales. Si bien existe el control conductual que se da por medio de las exigencias, disciplina o supervisión, hace referencia a integrar al niño en la familia y sociedad. Sin embargo, no está abordado completamente el control psicológico que los padres manifiestan sobre la autonomía emocional y psicológica de sus hijos mientras crecen a través de medios verbales o no verbales (Qian et al., 2022).

Este control parental se entiende por prácticas intrusivas y manipulativas direccionadas a los sentimientos y pensamientos de sus hijos. Se da en el intento de los progenitores para ejercer poder en su mundo psíquico por medio de sentimientos de culpa, retiro de afecto o manipulación en la relación. Además, en estudios posteriores refinaron la comprensión de este control en tres subdimensiones: la manipulación y coerción, el uso como intrusión en el dominio personal y la falta de respeto a la individualidad (Pérez et al., 2021).

Debido a su naturaleza, este control ha sido casi exclusivamente asociado con resultados negativos en el desarrollo de niños y adolescentes, como depresión, comportamiento antisocial y regresión relacional. En algunos estudios, se ha demostrado obstaculizando el desarrollo de la autonomía, la formación de identidad y el logro de la autodeterminación e individuación en los adolescentes (Kuppens & Ceulemans, 2019).

Dimensiones

Control conductual parental

Este factor refleja el grado en que los tutores supervisan y controlan el comportamiento de sus hijos. Además, incluye el establecimiento de normas rígidas y una excesiva supervisión de actividades, caracterizándose por ser padres muy despóticos (Rojas Vela, 2025).

Asimismo, abarca elementos como la disciplina, la supervisión parental y el establecimiento de límites. Esta dimensión influye directamente en la creación y repetición de conductas en los niños y adolescentes (Moreno Barriga & Moreno Barriga, 2025). También conocida como demandingness, conceptualizada significativamente por Maccoby y Martin, hace alusión al grado en que los padres ejercen inspecciones y demandas de madurez en la crianza de su familia (Wolf et al., 2024).

Calidez

Esta dimensión hace alusión a la capacidad de respuesta emocional, la aceptación y el apoyo que las madres, padres o cuidadores manifiestan hacia las necesidades afectivas de los menores que están a su cargo. Además, considera el nivel de sensibilidad parental para percibir las peticiones del infante y reaccionar de forma asertiva. Se puede expresar por interés y participación en sus actividades, validación emocional por medio de expresión de entusiasmo o elogios y contacto físico afectivo. (Isdahl-Troye et al., 2025).

La Teoría de Aceptación-Rechazo Interpersonal Parental resalta que este factor tiene dos subdimensiones como la calidez-comunicación y la crítica-rechazo. Debido a que esta respuesta se considera una necesidad emocional, cuando no se cumple pueden desarrollar respuestas psicológicas y conductuales de desajuste, incluyendo hostilidad, agresión, falta de respuesta emocional, deterioro de la autoestima y autosuficiencia, inestabilidad emocional y una visión negativa del mundo (Bautista-Aranda et al., 2024).

Al interpretarlo, un alto nivel de afecto indica que quienes cuidan son receptivos a sus requerimientos emocionales, les ofrecen consuelo y validación. Por ello, los padres responsivos son los que se involucran en su educación activamente. También un buen rendimiento en esta dimensión favorece a una mayor disposición a la escucha, el autocontrol y el cumplimiento de normas, mayor autoestima y habilidades de regulación emocional en la infancia y adolescencia (Rojas Vela, 2025).

Control psicológico parental

Se comprende como comportamientos de parte de los cuidadores que manipulan, rechazan o controlan las emociones y comportamientos del niño a su cargo, con el fin de lograr que cumplan con ciertas expectativas impuestas. Los progenitores emplean tácticas como el inducir vergüenza, provocar sentimientos de culpa y retirar el afecto emocional para limitar la autonomía del niño (Chen et al., 2024).

Este indicador es útil para valorar la calidad del EC, debido a que restringe la independencia del menor, aumenta su angustia y presión, lo cual a su vez lleva a una propensión a trastornos emocionales o aumento de síntomas. Además, los tutores manipuladores frecuentemente regulan las expresiones del menor, causando una supresión expresiva y complicaciones al afrontar estrés o frustración (Huang, 2025).

Como consecuencias negativas son el aumento de la timidez hasta niveles excesivos, inhibe la construcción de un sentido seguro se sí mismo y su confianza, socava su autocontrol, pueden ser propensos a ser excesivamente dependientes y perjudica su construcción de relaciones armoniosas (Zhao et al., 2024).

Estilos

Autoritario

Los padres que adquieren este estilo influyen para que sus hijos desarrollen niveles bajos de autoestima. Esto se genera por medio de reglas estrictas, altas expectativas, control rígido y sin flexibilidad en cuanto al comportamiento de los hijos (Guevara-Rocha y Vega-Torres, 2025)

Este estilo se centra en la imposición de autoridad y las altas expectativas de los padres a hijos, el cual deben obedecer todo lo que digan sus cuidadores. Además, establecen reglas estrictas sin tomar en cuenta a opinión del hijo, los castigan si no siguen las normas impuestas y no contemplan la participación de su hijo dentro del hogar (Karunakaran & George, 2023)

En este estilo, se genera un entorno en que los padres o cuidadores sientan una mayor responsabilidad y de ejercer control en gestionamiento del comportamiento de sus hijos, desarrollando en ellos un aumento de dependencia emocional y una sensación de sobrecarga emocional. Añadido a ello, también pueden presentar dificultades en el desarrollo de estrategias de afrontamiento y capacidad de resiliencia, producto de la falta de apoyo emocional y de comunicación (Morales Cevallos & Baquerizo Álava, 2024)

 

Permisivo

A los hijos criados bajo este estilo, se les establece mínimos límites, lo que afecta negativamente su desarrollo, genera incapacidad de autorregulación y dificulta las relaciones sociales y el desempeño académico (Fernández et al., 2024)

Bajo este estilo, los padres son indiferentes ante el comportamiento de sus hijos ya sean positivos o negativos. En pocas ocasiones recurren al castigo y reaccionan a las exigencias de sus hijos de forma pasiva sin autoridad y cediendo a los requerimientos de ellos. Como consecuencia, se tiene que los hijos presentan indicadores de bajos niveles de habilidades sociales, autoestima y de identidad propia, así como un bajo rendimiento académico. Asimismo, se caracterizan por ser inestables emocionalmente, tienen un concepto negativo de ellos mismos y son inseguros (Salavera et al., 2024)

Los cuidadores son condescendientes e intervienen solo en casos graves. Asumen roles de amigos, no de padres; no inculcan disciplina en sus hijos ni toman medidas cuando ellos toman decisiones erróneas o tienen mal comportamiento (Karunakaran y George, 2024).

Democrático o autoritativo

Este estilo conlleva altos niveles de apoyo y guía en las conductas de los niños sobre la explicación de las normas básicas de la familia, incluyendo el diálogo por parte de los padres. A medida que crecen, desarrollan la capacidad de poder negociar y comunicarse eficaz y asertivamente, volviéndose adultos responsables y autónomos (Kostanasios, 2024)

La crianza democrática es reconocida como la crianza por excelencia, puesto que los padres corrigen conductas, establecen límites, pero también brindan la oportunidad que sus hijos tomen sus propias decisiones. Los padres son cariñosos y les inculcan la responsabilidad y disciplina, consideran que los errores son experiencias para aprender y tienen expectativas claras con sus hijos, y refuerzan los buenos comportamientos (Karunakaran y George, 2024).

Los niños criados bajo este estilo de crianza, que es caracterizada por la calidez parental, desarrollan alta competencia en el ajuste psicosocial; es decir, logran la capacidad de un equilibrio y adaptación a las demandas sociales y psicológicas para tener éxito en su vida (Jacome-Mora et al., 2025).

Negligente

Este estilo ocasiona que los hijos criados bajo este método sean en niños con bajo nivel en cuanto a la expresión, la comunicación, la calidez, la autonomía y la toma de decisiones, y provocará que se conviertan en adultos sin una base sólida para su futuro (Lalaleo López y Rodríguez-Pérez, 2024).

Los padres que ejecutan este estilo generan que sus hijos presenten baja autoestima, puesto que no reciben supervisión o expresiones de afecto, crecen sin apoyo emocional o atención indispensable para el desarrollo de un concepto positivo de sí mismos e inclusive pueden sentir que no son valorados por sus padres (Guevara-Racho y Vega-Torres, 2025).

Los cuidadores son desinteresados y no conocen el comportamiento de sus hijos. No determinan reglas, pautas o expectativas ni tampoco buscan orientación cuando se requiere, prácticamente esperan que sus hijos se críen solos, ya que no les brindan tiempo ni energía. Sin embargo, puede deberse a la ausencia de información de una crianza o se sienten agotados por el trabajo que están ejerciendo (Karunakaran y George, 2024).

3. METODOLOGÍA

El presente estudio adopta un enfoque cualitativo, el cual se constituye como una estrategia específica de producción de conocimiento que permite la comprensión de variables en su contexto, enfatizando la interpretación de datos no numéricos. Asimismo, se emplea una revisión narrativa que se caracteriza por ser una síntesis de la literatura existente que proporciona una comprensión general del estado del conocimiento sobre un tema específico, permitiendo identificar tendencias y patrones relevantes de cierto objeto de estudio (Anguera, 2023; Blanco Pena, 2024)

Para la recopilación de información se utiliza la técnica de búsqueda sistemática, la cual implica la aplicación de estrategias para identificar, seleccionar y analizar la literatura relevante. Por ello, permite integrar las ventajas del enfoque cualitativo con los pasos sistemáticos de la búsqueda dentro de un marco de revisión narrativa. (Anguera, 2023)

El procedimiento metodológico se llevó a cabo en noviembre y diciembre del 2025, iniciando con una búsqueda exhaustiva en las bases de datos especializadas: Google Académico, NIH, Frontiers, Scopus, Dialnet, SciELO y Revistas Científicas. De este modo, la selección final quedó conformada por 12 artículos de revisión sistemática en antecedentes y 35 investigaciones científicas cualitativas y cuantitativas en bases teóricas que abordan la temática de los EC desde diferentes contextos y perspectivas, permitiendo un análisis integral y comprensivo de la variable estudiada. Siendo un total de 47 artículos seleccionados.

4. RESULTADOS Y DISCUSIÓN

En cuanto a la revisión de los artículos citados en la investigación, se realizó una tabla con el fin de permitir una visualización de los elementos básicos de estos mismos.

Tabla 1. Artículos revisados según la base de datos.

Base de Datos

Cantidad de artículos revisados

Dianet

13

Scopus

12

NIH - National Institutes of Health

8

Google Académico / Revistas Científicas

7

Frontiers

4

SciELO

3

Total

47

 

En cuanto a los estudios de revisiones sistemáticas, Gutiérrez Ramírez et al. (2024) enfatizan la relación directa entre EC y la construcción de la inteligencia emocional en la infancia, su revisión cualitativa de 20 artículos subraya que los EC influyen sustancialmente. En la misma línea, Simaes et al. (2024) aportan evidencia empírica temprana (0–36 meses) mostrando que prácticas parentales sensibles como la gentileza y tiempo compartido se asocian con mayor regulación emocional y menor reactividad infantil, lo que refuerza la interpretación de Gutiérrez Ramírez et al. sobre el papel formativo de la crianza.

Delgado-Santamaría & Campodónico (2024) concluyen que los EC autoritario y permisivo aparecen reiteradamente vinculados con conductas disruptivas infantiles; su síntesis destaca la relación entre EC inadecuados y un desarrollo socioemocional problemático. Complementariamente, Umar, Kamran y Rizzo (2025) reportan que tanto EC permisivos como autoritarios se relacionan con mayor agresividad y antagonismo en adolescentes. Mientras que el estilo democrático se asocia a mejores resultados. Ambas revisiones se refuerzan mutuamente en identificar que la falta de límites coherentes o el exceso de control conducen a resultados hostiles.

Asimismo, en los artículos donde se estudia la influencia de la crianza positiva en la etapa de la infancia es decisiva en el desarrollo de la inteligencia emocional. Es por lo que Gutiérrez Ramírez et al. (2024), Kostanasios (2024) y Soto-Ortiz et al. (2024) concuerdan en que cuando los padres forman un entorno de afecto y comprensión, pero con la determinación de establecer límites y normas claras, permiten que los niños adquieran comportamientos positivos, desarrollen habilidades sociales fundamentales, una adecuada autorregulación y gestión emocional. De este modo, Bonilla Nolivos y Barba-Lara (2024) añaden que, gracias a lo mencionado por los autores, los niños presentarán bajos niveles de ansiedad cuando se enfrenten a situaciones difíciles.

La crianza positiva sigue siendo esencial en la etapa de la adolescencia, puesto que tal como menciona Rivas-Huamán (2024), los adolescentes toman en cuenta su perspectiva y logran identificar o cuestionar las formas de crianza que ejercen sus padres. Por otro lado, Ortiz y Poveda (2024) y Espinoza-García y Cuesta Izquierdo (2023), coinciden en que el estilo parental positivo influye en el favorecimiento del desarrollo de la autoeficacia y el autoconcepto.

Jacome-Mora et al. (2025) manifiestan en el reconocimiento de que una crianza positiva mantiene repercusiones positivas hasta en la etapa de la adultez. Así también lo profundizan Córdova Gonzales (2022) y de Lizaur Gavilanes y León del Barco (2024) quienes coinciden en que este estilo de crianza trasciende a largo plazo y los adultos experimentan bienestar psicológico y una favorable calidad de vida.

La crianza poco funcional no solo afecta a las primeras etapas del desarrollo de una persona, sino puede ocasionar impactos profundos duraderos. Es por lo que Salavera et al., (2024) y Rojas Vela (2025) concuerdan en que estilos de crianza como el permisivo o negligente pueden causar la ausencia de madurez emocional, manejo de impulsos y la capacidad de resolver conflictos a largo plazo.

Asimismo, los padres pueden considerar que ejercen el estilo democrático para criar a sus hijos; no obstante, explicado por Lalaleo López y Rodríguez-Pérez (2024) y Zárate Depraect et al. (2025), manifiestan que los hijos pueden percibir lo contrario a lo que creen sus padres y esta contradicción existe porque cada padre establece un estilo distinto o la madre asume ambos roles en su totalidad.

Existen varios factores por los cuales los padres deciden practicar cierto estilo de crianza; sin embargo, existen diferencias entre autores. Mendoza Martínez (2024) señala que los cuidadores ejercen dicho modelo bajo la elección del inconsciente, por lo que repiten, de manera natural, los patrones de su propia crianza. Mientras que Delgado Santamaría y Campodónico (2024), sostienen que esa elección no es determinante, porque las personas están en constante cambio y con la apertura a aprender, entonces cada cuidador se plantearía qué estilo es el más idóneo para procurar la crianza de su menor.

Varios estudios coinciden en que el estilo de crianza democrático es el más positivo y recomendable, a comparación del resto de estilos, en cuanto a la presencia y práctica parental. Kostanasios (2024) y Karunakaran y George (2024) resaltan que los hijos desarrollan habilidades sociales con alta competencia cuando han sentido la calidez parental para volverse en adultos responsables, autónomos y adaptativos.

Chun & Chen (2025), con un metaanálisis grande de 107 estudios, muestran que la crianza positiva se asocia negativamente con perpetración y victimización, mientras que la crianza autoritaria y la indiferente se asocian positivamente con ambos roles en el bullying. Esto dialoga con los hallazgos de Delgado-Santamaría & Campodónico (2024) sobre conductas disruptivas, ambas piezas sugieren que los mismos rasgos parentales que facilitan la agresividad general también aumentan la probabilidad de implicación en acoso escolar.

Pinquart y Lauk (2025) realizan un metaanálisis de 184 estudios y hallan que el estilo demócratico correlaciona con menor uso de sustancias, mientras que negligente, permisivo y autoritario se relacionan con mayor consumo. Este patrón confirma la noción recurrente en las otras revisiones: la combinación de calidez y límites razonables (autoritativo) aparece consistentemente protectora frente a múltiples conductas de riesgo.

Shen et al. (2025) integran 51 estudios y un metaanálisis sobre crianza, autoestima y conductas suicidas en adolescentes; concluyen que la crianza negativa se asocia a mayor autolesión, ideación e intentos suicidas, y que la autoestima actúa como mediadora inversa. Comparado con trabajos sobre agresividad y bullying, aquí aparece un mecanismo psicológico intermedio (autoestima) que explica por qué estilos parentales perjudiciales no sólo provocan conductas externas (agresión) sino también riesgos internos (suicidio), ampliando así el alcance de las consecuencias parentales.

La evolución de las teorías de los EC muestra avances sustanciales desde la propuesta de Braumrind. Power (2013) destaca que esta autora identificó tres EC, mientras que Esmali Kooraneh y Amirsardari (2015) señalan que Maccoby y Martin ampliaron el modelo incorporando el EC negligente mediante una matriz bidimensional. Asimismo, Kuppens y Ceulemans (2019) reconocen que esta combinación es un gran determina la personalidad, pero el aporte más reciente lo constituye Barber al introducir el control psicológico como tercer factor. Con esto podemos notar que los autores concuerdan y se retroalimentan en sus propuestas y descubrimos formas de control parental cualitativamente distintas.

Además, con respecto a las dimensiones de los EC muestran impactos diferenciados en el desarrollo. Wolf et al. (2024) y Moreno Barriga y Moreno Barriga (2025) coinciden en definir el control conductual como supervisión y establecimiento de límites, mientras que Isdahl-Troye et al. (2025) conceptualizan la calidez como responsividad emocional y aceptación. Por otro lado, Rojas Vela (2025) argumenta que la calidez favorece mayor autoestima y regulación emocional, posición reforzada por Bautista-Aranda et al. (2024) quienes documentan que su ausencia genera hostilidad e inestabilidad emocional. La interacción entre ambas dimensiones determina en gran medida la calidad del vínculo.

Para rescatar, la última dimensión, el manejo psicológico, representa un concepto amplio y con consecuencias alarmantes. Como Qian et al. (2022) y Pérez et al. (2021) lo caracterizan como prácticas intrusivas hacia los sentimientos del menor, concordando en la manipulación, intrusión y faltas a su individualidad. Además, Kuppens y Ceulemans (2019) sostienen que este control se asocia casi exclusivamente con resultados negativos como depresión y baja autonomía. Lo cual va en la misma línea que lo expuesto por Huang (2025) que advierte una restricción a la independencia, mientras que Zhao et al. (2024) documentan consecuencias como timidez excesiva, dependencia y dificultades relacionales. Consideramos que este tipo de control merece una atención preventiva dado su potencial nocivo para el desarrollo socioemocional de los menores.

4. CONCLUSIONES

Como primera conclusión, de acuerdo con la mayoría de los estudios revisados, el estilo democrático o también conocido como autoritativo es corroborado como el más efectivo y con prácticas parentales acertadas y equilibradas hacia un desarrollo provechoso para el menor y durante su crecimiento. Además, resalta su armonía entre la calidez y el afecto con el establecimiento de reglas y límites claros. Algunos beneficios están en la construcción de su inteligencia emocional en la infancia, un refuerzo en el autoconcepto en la adolescencia y un mayor bienestar y calidad de vida adulta.

Especto de la segunda conclusión, sobre los antecedentes y la evidencia recopilada sobre las revisiones sistemáticas y metaanálisis, dan cuenta sobre una búsqueda de los EC y sus impactos polifacéticos en el desarrollo de los individuos. Igualmente, sus resultados confirman que estilos asociados con esa estabilidad entre las dimensiones presenta impactos positivos, mientras que los estilos como el permisivo, autoritario o negligente al carecer de ello, resultan en problemas conductuales, emocionales y en sus relaciones interpersonales.

Sobre la tercera conclusión, dentro de las dimensiones de la EC destaca la calidez parental debido a que esta, al ser cómo el cuidador responde a los requerimientos emocionales del menor, refuerza el carácter y es estado del vínculo entre padre e hijo. Aparte de lo anterior, también se comprende cómo la aceptación y el afecto demostrado, lo cual repercute en su autoestima, regulación emocional y habilidades sociales.

Respecto de la cuarta conclusión, en relación con la evidencia revisada, se reconoce una discrepancia en los EC que ejercen los padres y lo que perciben, interpretan y experimentan los hijos. Por lo que resulta necesario promover una práctica de crianza basada en la consciencia y participativa de ambos progenitores o cuidadores, en la que la comunicación asertiva y escucha activa sea recíproca y puedan fortalecer el vínculo y lograr un adecuado desarrollo integral de los hijos.

Por último, consideramos que se prosiga actualizando la información e investigando más sobre esta variable, puesto que es relevante expandir la relación que va naciendo entre los EC con las problemáticas actuales referentes a la salud mental como la ansiedad, conductas alimentarias que ponen en riesgo la salud de la persona, el uso inadecuado a las redes sociales, etc.

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